jueves, 27 de diciembre de 2007

Chicas lindas

Cuando Ricardo Romero me propuso editarlo, este libro estaba casi terminado: sólo me faltaba revisar la segunda parte, Chicas lindas. Entonces decidí incluir la crónica ficcionada La chica muerta, un poco en honor al título de la Colección Laura Palmer y otro poco en memoria de Andrea Danne, la adolescente asesinada que protagoniza mi relato.
Alguna vez espero volver sobre el tema con bastante más que los pocos datos que hoy recuerdo. El caso, plagado de misterio, empantanado en su momento por la impericia de la policía pueblerina y enseguida enterrado para siempre -probablemente con el aval de la misma policía-sigue impune.
Cuando unos pocos años más tarde el crimen de María Soledad ocupó la primera plana de los diarios, todos nos acordamos de Andrea.
Lamentablemente la violencia contra las mujeres es habitual en este país. Muchas veces termina en homicidio. Otras en desaparición, tal el caso de otra chica de mi provincia, María Fernanda Aguirre, secuestrada el 25 de julio de 2004.



viernes, 21 de diciembre de 2007

Presentación

Laiseca



Pandolfelli/Alche/Millán


Los amigos





Lai dice que. Fragmentos de su texto de presentación.

"Decir que este libro está bien escrito es insultarlo. Tiene profundidad. La profundidad que da el genio y no el talento, cosa poco frecuente en literatura.
Hay una leyenda en poesía: que es de mal gusto interpretarla. Tal vez así sea, pero sólo desde que se perdió el interés por el color y la forma. ¿No podemos decir por qué es bello Venus y Adonis, de William Shakespeare? Sí, podemos. Porque es propio de la obra de buen arte que nos permita hablar bellamente sobre ella. Lo que tiene expresión nos permite expresarnos. Es el mal arte aquello de lo que no debería hablarse. Hoy estamos rodeados por gente misteriosa que se enfurece si uno le pregunta: "¿Qué quiso decir usted aquí?" Que me perdonen pero desconfío de los misterios chasco que suelen ocultar la cosa mal hecha. [...]
Sabemos que así como ciertas mujeres quedan completamente embarazadas, muchas personas excéntricas se mueren pá siempre. El libro empieza justo así: con un funeral. ¿Qué puede ser más estimulante que un hermoso cadáver? Buenos auspicios.
Niño Valor y la protagonista, que son dos chicos, se asoman para ver el interior del féretro: "... temerosos de que el menor movimiento fuese a derramar la muerte y nos salpicase los zapatos nuevos, los zoquetes blancos, las ropas de cumpleaños". Y en otro lado: "Nada excitaba tanto su generosidad de jardineras (habla de unas viejas arpías que por allí pululan) que un velorio en ciernes". "Una tensión erótica atravesaba el aire como ocurre siempre en la desgracia." "Al lado mío Niño Valor dormía con las ropas puestas. Nos vi en el espejo grande del ropero: en la cama doble parecíamos un matrimonio de enanos." "Y la muerte era esto."
¿Querrá decir Selva Almada que la muerte es un matrimonio de enanos? Me parece que sí y en ese caso tiene razón.
A la autora ya de chica le venía la vaina de hacer relaciones extrañas. [...]
Los niños, cuando son geniales, encuentran relaciones excéntricas entre las cosas. Esto es porque, sin saberlo, se están preparando para su genio del futuro. Esta misma obra, por ejemplo. Aquí hay belleza, contorno nítido y expresión vigorosa.
Selva Almada es una mujer. Pero una mujer militar. Niña Valor. Peleadora la chica. Con justa razón se ligó sus buenos chancletazos.
La autora tiene un lenguaje riquísimo, cosa que puede verificarse en la parte de las flores (pág. 64), o en la del tesoro (pág. 123 y 124). Una verdadera maravilla. Sin embargo a veces tiene giros pueblerinos, como parte del rescate. [...] Por supuesto no es la primera vez que un autor rescata modismos regionales. Lo notable y luminoso es que, a pesar de estar todo narrado en primera persona, convive el lenguaje cultísimo con el decir de los pueblos del interior. De lo uno se pasa a lo otro sin esfuerzo y sin solución de continuidad. [...]
Con Una chica de provincia estamos ante un libro fresco y maravilloso. La riqueza es tan variada, tan de suprema calidad, que a su autora dan ganas de decirle: "Selva, por favor escriba algo feo, para variar, porque en usted la belleza ya constituye plaga. Una especie de vicio". [...]
Que sea una provinciana vaya y pase. Pero lo que jamás le perdonaré a Selva Almada es que no sea de Camilo Aldao. Como yo."

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Invitación


lunes, 10 de diciembre de 2007

jueves, 6 de diciembre de 2007

Contratapa

Una provincia, en un país como el nuestro, es bastante más que la división geopolítica de un territorio. Es una cierta manera de entender el mundo y un lugar desde donde mirarlo.
Cuando vine a vivir a Buenos Aires empecé a darme cuenta de que soy una escritora de provincia. Acá comencé a escribir de allá. Y no arrastrada por la nostalgia si no, tal vez, asombrada por el universo tan particular que, por ser de allá, podía reescribir, ficcionalizar, refundar desde acá. Acá siempre es la literatura, vaya adonde vaya.
Una chica de provincia reúne tres libros de relatos que son mi trilogía de Entre Ríos. Los dos primeros –Niños y Chicas lindas- narran historias iniciáticas. Los primeros careos con la muerte: la curiosidad que provoca ver el primer cadáver de nuestras vidas; el dolor por la muerte de animales queridos; la muerte de otro niño como la revelación de una verdad espantosa: los chicos también pueden morirse; la crónica del asesinato impune de una adolescente pueblerina. El último –En familia- es el relato de un suicidio.
Supongo que no es casual que la muerte sea el gran tema de esta trilogía. Después de todo, en los ríos de mi provincia se ha lavado la sangre de batallas históricas. Tampoco ha de ser casualidad que su accidente geográfico característico sean las cuchillas.